MUJER SOLTERA BUSCA (PARTE 2/2)

Los Representantes a la Cámara Tatiana Cabello e Iván Duque del Centro Democrático Alternativo, partido del expresidente Alvaro Uribe, presentaron un proyecto de ley que tiene como finalidad aumentar la licencia de maternidad que actualmente está en 14 semanas (3.5 meses), a un máximo de 24 semanas (6 meses).En un sentido parecido, el Senador Jimmy Chamorro presentó un proyecto de ley cuyo objetivo es reducir en una hora la jornada laboral de las mujeres cabeza de familia. Es decir que su jornada bajaría de 8 a 7 horas, pero su salario no se vería disminuido.

La justificación de ambos proyectos es similar: El deber del estado de garantizar el bienestar de los niños. Para el primer proyecto argumentan que un niño alimentado con leche materna por más tiempo tendrá un mejor desarrollo que uno con menos tiempo. Hasta citan recomendaciones de los “expertos” de la OIT y la OMS. El segundo proyecto, que baja de 8 a 7 horas diarias el horario laboral de las madres cabeza de familia tiene más de lo mismo: El bienestar de madres e hijos teniendo una mayor cantidad de tiempo para su mutua compañía. 

Este tipo de proyectos se venden bien porque apuntan directamente a nuestras emociones. Pocas cosas son tan conmovedoras como la imagen de una madre y su hijo recién nacido, o la de una madre que trabaja sola para sostener a su familia. Además, cualquier ley dirigida a aumentar de derechos laborales nos hace ver como sociedad muy avanzada, ¿Acaso hay alguien en estos días que no quiera ser visto como “Progre”?

Las mujeres que ya cuenten con un trabajo estable se verán beneficiadas por esas medidas. Sin embargo, las que buscan entrar al mercado laboral no la tendrán tan fácil. ¿Qué creen que pueda pasar cuando un empleador esté frente a dos candidatos a un trabajo, donde uno de ellos podría estar hasta seis (06) meses fuera de su trabajo y el segundo no? ¿Y si a eso sumamos que el primero trabajaría 7 horas mientras que el segundo 8, y a ambos debería pagarles lo mismo? No es muy difícil pensar que escogerá al segundo: Ofrece más por lo mismo.

Los perjudicados a la larga serán las mujeres, sus hijos e incluso las empresas. Las mujeres porque podrían no ser seleccionadas para un trabajo por razones diferentes al mérito laboral, que es lo que debería primar. Los niños porque lo peor que les puede pasar es la falta de unos padres que no puedan brindarles lo que necesitan en términos afectivos y materiales. Y las empresas porque, al tener una fuerza laboral que puede no ser la mejor, pondrían en riesgo su competitividad. 

Ahora, este fenómeno no será visible en los trabajos que exigen cierto grado de especialización. Pero en los sectores en los que no se requiere mucha educación, y donde cualquier persona con un mínimo de habilidades puede hacer la misma labor, el empleador contratará a quien haga más por lo mismo. Da la casualidad que los trabajos que exigen mano de obra poco o nada calificada son aquellos donde trabajan los más pobres. En conclusión, con leyes como esas, las mujeres solteras y pobres que buscan trabajo serán las personas más perjudicadas. (Se llama Ley de consecuencias no deseadas, y ya escribí sobre eso acá)

Pretender que con estas leyes Colombia se ponga a la “altura de los países que tienen los mejores estándares en atención a la primera infancia”, como dijo la Representante Cabello, es tener una idea errónea de la relación entre prosperidad y leyes. La prosperidad deviene de la riqueza que generan los individuos y las empresas de un país, y para ello se requiere un ambiente institucional que haga respetar las reglas de juego para todos, garantice la libertad económica y la competencia natural entre individuos. Las leyes son solo apenas un componente de ese ambiente institucional. No fue expidiendo leyes para cada cosa como los países más ricos del mundo obtuvieron su prosperidad.

La historia del derecho laboral se cuenta siempre desde el lado romántico y dramático de las luchas de los trabajadores, y algo de eso es verdad. Pero nunca se cuenta, por ejemplo, que el cumplimiento de las demandas laborales vino de la mano con el paulatino crecimiento de la economía.

Hay sociedades que pueden permitirse unas ventajas que otras no. Aquellas que lo hacen es porque han alcanzado unas cotas de progreso más altas que otras. Como dijo Carlos Alberto Montaner: “Una sociedad que obtiene sus recursos de vender café no puede alcanzar la calidad de vida de otra que fabrica chips, aviones y productos farmacéuticos.” Pero esta realidad difícilmente es aceptada por los ingenieros sociales o quienes deliran con ello, es decir líderes mesiánicos, políticos bienintencionados o intelectuales arrogantes que creen que lo único que se necesita para que las cosas funcionen bien (Lo que sea que signifique) es que quien dirija las cosas sea lo suficientemente inteligente, bondadoso y experto como ellos. Y claro, progresista.