SE ARRIENDAN MENTIRAS

Es común ver en los currículums de las personas la expresión “Soy bueno trabajando bajo presión”. Esto será verdad algunas veces, pero otras será una pequeña mentira. Mentir es un pecado, aunque también es un comportamiento racional: Se hace para parecer mejor de lo que uno realmente es, bien porque estamos ante un entrevistador, una conquista o un funcionario. Mentimos porque el beneficio esperado supera el costo. Los seres humanos decimos, en promedio, 6 mentiras al día.
Es dificil creer que las razones para mentir sean provocadas por una ley, pero podría ser así si se aprueba un proyecto que pretende que todos los contratos de arrendamiento de vivienda urbana incorporen, de manera obligatoria, una póliza de arrendamiento. Ese tipo de seguro ya existe en el mercado y es opcional. Cada arrendador determina si quiere o no pedir esa póliza a su futuro inquilino. Si éste incumple los pagos a los que está obligado, la aseguradora responde. El trabajo previo de la aseguradora es, básicamente, verificar la capacidad de pago del inquilino. Uno supondría que el proyecto está pensado para proteger a los propietarios. Las historias extravagantes de arrendatarios incumplidos dan rabia, y uno estaría tentado a celebrar la iniciativa. Sin embargo, los resultados de una ley de esa naturaleza podrían no ser tan buenos. 
Hoy día, un individuo que no “pase” el exámen ante una aseguradora consideraría las siguientes opciones: 1) Repetir tantas veces el proceso de solicitar la póliza, esperando que en alguna de ellas lo logre. 2) Buscar vivir en un sitio donde no exijan la póliza, aunque seguramente no será donde quería hacerlo inicialmente. 3) Pactar un mayor valor del cánon de arrendamiento con el propietario y de esa manera compensar el riesgo.
Si se impone un seguro obligatorio en esos contratos, las negociaciones privadas entre las partes podrían ser nulas o darse en términos non sanctos. Como la realidad es mucho más fuerte que una norma puesta en un papel, posiblemente se firmarían contratos sin esa exigencia ¿Qué creen que pasaría en los pueblos donde la oferta de aseguramiento es casi nula?

Las partes también podrían decir que el valor del contrato es menor al real, y de esa forma el inquilino pasaría el exámen de la aseguradora. O bien, sin tener opción de buscar una vivienda que no exija la póliza, porque la ley no lo permite, un inquilino rechazado sólo tendría la opción de mentir a la aseguradora para parecer un mejor deudor de lo que realmente es. En los dos últimos casos, la ley estaría creando incentivos para mentir. Bueno, ante una aseguradora siempre es posible mentir, pero con la obligación del seguro se cierran las puertas a las posibilidades de negociación privada. El mercado negro de las certificaciones falsas estaría dichoso.
Pero el principal problema del proyecto no serían las mentiras. La mayoría de las personas cumple sus contratos (Hubiera sido fantástico que el proyecto incluyera datos sobre el mercado de arriendo, el de seguros y de los procesos judiciales asociados. Como no los trae es imposible hacerse una idea real de la situación). El verdadero problema es, en mi opinión, la lógica que subyace al mismo: “Las personas no son lo suficientemente buenas determinando qué es lo mejor para ellas mismas. Por eso les facilitamos las cosas, les diremos cómo deben hacer sus contratos.” Esto no significa que los malos deudores tienen derecho a deshonrar sus compromisos, ni más faltaba. Creo que es más importante la libertad de los individuos para hacer sus acuerdos como quieran, y ello implica soportar las consecuencias de sus decisiones, las buenas y las malas. Los sistemas no son perfectos y los acuerdos privados siempre tendrán un margen de ineficiencia e incumplimiento, pero eso no signifca que se deban inventar regulaciones que encarecen el mercado y que crean más problemas de los que resuelven. Me imagino que la solución a las nuevas trabas sería, equivocadamente, más y más regulación. Así los legisladores seguirían diciendo “Lo mío ha sido el impulso de leyes para defender a los ciudadanos”. Tal vez es lo que ponen en sus currículums.

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