CAPITÁN FANTÁSTICO

Finalmente vi Capitán Fantástico, la película con Vigo Mortensen como protagonista. Lo que sabía de ella me la vendió de inmediato: Ben (Mortensen) es un padre de 6 hijos. Junto con su esposa han decidido educar a sus hijos por sí mismos sin enviarlos a la escuela. Los personajes viven retirados en las montañas como ascetas, allí entrenan, sudan y se lastiman. Cazan y cosechan su propia comida. Estudian y debaten. 

El director lleva eso al extremo para mostrar a unos individuos decidiendo lo que más conviene a los suyos y quitando de en medio a unos más listos, llámense ministros, ONG’s o magistrados brillantes de alguna corte. Ese mensaje salva a la película, porque el resto destila tanto tufo antisistema que hastía. Lo de siempre: las empresas son malas, la riqueza peor, y para subir el ánimo en la cena… pues a burlarnos de las creencias religiosas de los demás. Pensamiento crítico lo llaman. Y no es que el mensaje antisistema no pueda ser interesante, sino que hay tanta incoherencia y defensa de ideas equivocadas en la película que es imposible no fijarse. Acá mi selección de momentos desafortunados (Con spoilers):

 1. Ben y su hijo mayor hablan de política. Este último aclara que en el pasado fue Troskista, pero ya no, porque ahora es Maoista. Como si hubiera diferencia. En los estados totalitarios los niños son del Estado y éste dice cuál es su destino. El adoctrinamiento de los pequeños y la adoración al líder es la regla número 1 de cualquier tirano y esto exige que los padres no puedan decidir qué valores enseñarles. Ya quisiera ver a unos padres en la china de Mao eligiendo no enviar a sus hijos a una escuela “pública, gratuita y de calidad”. Su aventura del homeschooling no podría nunca comenzar. 

2. La suegra de Ben le muestra a éste una carta que dejó su hija. En ella dice que, junto con su esposo, han creado un paraíso salido de la república de Platón, y que sus hijos serán filósofos reyes.

Platón, para ponernos al día, es el filósofo de cabecera de dictadores y totalitarios. Su pensamiento político se basa en un gobierno centralizado y fuerte donde el individuo debe someterse a lo que el Jefe considere. El individuo no importa. El jefe, debería ser, claro, un rey filósofo. Y este concepto que tantos adeptos tiene, el del rey filósofo, no es más que la pretenciosa idea de creer que las sociedades se pueden organizar de arriba hacia abajo por parte de un gobernante sabio, justo y bueno. Y aunque no es una incoherencia, per se, sí es una idea tan enquistada y equivocada que da vergüenza ajena ver tanta reverencia que le hacen a diario. Los filósofos reyes son ingenieros sociales y todos los experimentos de ingeniería social a gran escala han terminado en miseria, hambre y con la gente en las calles reventando las ventanas.

3. Ben y su familia hacen odas a Noam Chomsky, el famoso intelectual de la izquierda norteamericana. Chomsky que en el pasado alabó y fue amigo del régimen chavista, en una reciente entrevista sobre los gobiernos de izquierdas latinoamericanos le echó culpa de sus fracasos a la corrupción, “Además, hubo una corrupción enorme. Es penoso ver al Partido de los Trabajadores de Brasil, que llevó adelante medidas significativas, que no haya podido mantener sus manos fuera de la caja.Se sumaron a la élite más corrupta, que roba todo el tiempo, fueron parte de ella y se desacreditaron”.

La corrupción no es la causa del desastre, es consecuencia del inmenso poder que acumulan los estados. La intelligentsia progre no ha sido capaz de entender que, en últimas, el fracaso de la izquierda no es por la corrupción o porque los gobernantes no son tan puros como creían. El fracaso deviene por las ideas equivocadas que defienden desde socavar la iniciativa privada, controlar precios y regular cada aspecto de la vida del individuo.

Al final me quedo con la escena en la que la hija menor de Ben recita y da su versión de la Carta de Derechos (El Bill of Rights), el término para designar las primeras 10 enmiendas de la Constitución de USA. Es gracias a los principios desarrollados allí que el Capitán Fantástico tiene una propiedad en las montañas, sin temor a que la expropien, donde puede expresar las ideas en las que cree. No advierte, sin embargo, que si esas ideas se materializaran no tendría esa libertad. Me recuerda a todos los que añoran paraísos socialistas, pero cuando tienen que buscar refugio lo hacen en un país del primer mundo. Porque serán de izquierdas, pero tontos no. 

LA SOSA CORRUPCIÓN

Para ser un tema tan sensible es increíble que quienes han hablado al respecto repitan las mismas palabras sosas e inútiles. Porque si algo merece premio a los lugares comunes es la corrupción. Las últimas semanas están llenas de opiniones al respecto. Los indignados, por ejemplo, han bromeado con la pena capital, han culpado a la crisis de valores y a la mala educación, y han hecho la irreverente propuesta de votar bien. En resumen, ¡¡¡Que alguien haga algo, por Dios!!!

También hay análisis que, aunque no exudan rabia, pecan de buenismo. ¿Alguien acaso diría que no a las fórmulas gaseosas de fortalecer los mecanismos de control y de cambiar la actitud de la sociedad?

Este último análisis tenía una perspectiva puntual sobre la contratación pública. Me gustó, excepto cuando dijo que “Colombia debe reevaluar el beneficio de “ahorrar” en estudios y obligarse a asignar presupuestos suficientes para que los costos de las obras se dimensionen adecuadamente antes de proceder a contratarlas”. Suficiente.

Todos esos diagnósticos y sus soluciones tienen dos cosas en común. La primera, viene de opinadores de la sociedad civil. La segunda, todos reclaman más Estado (Tal vez consideran que no ha habido suficiente). Quieren apagar fuego con gasolina. En últimas, sus reclamos significan más burocracia, regulaciones o impuestos. Y es justamente ese medio en el que se cuece la corrupción.

Los opinadores en general están tan intoxicados de pensamiento único, y profesan tal reverencia a las posibilidades del poder, que son incapaces de ver la contradicción de sus planteamientos. Es la misma inconsistencia filosófica de los que se indignan por las alzas de impuestos y, a la vez, exigen que todo lo que defienden se convierta en derecho. Y ahora que ya casi arrancan las candidaturas presidenciales, todos los candidatos se subieron al bus de la anticorrupción, reduciendo el tema de la corrupción a un problema de personas: Si ha habido corrupción es porque no ha estado las personas correctas al mando. Pero eso es un error.

Aclaro que la calidad moral de las personas es importante, pero es un riesgo muy grande confiar en la sabiduría y bondad de los que lleguen a gobernar. Considerando que los peores elementos son lo que están dispuestos a hacer lo que sea por el poder, el riesgo es mayor. Por eso, lo único que en verdad importa son los límites del Estado. Límites a la burocracia, las regulaciones y a los impuestos, y por ahí mismo a todo lo demás en lo que se quiere meter.

Karl Popper decía que la democracia consiste en poner bajo control al poder político. Por eso, la discusión importante no debería ser por quién vamos a votar. El punto importante sería cuáles son los límites de los que serán elegidos.

Pero los políticos no hablan de límites. Al contrario, necesitan más poder para poner las cosas en orden. Y como ese poder necesita dinero, tampoco le van a decir que tenemos que disminuir la presa y que deje de ser tan apetitosa. ¿Pero acaso no necesitamos dinero para construir las carreteras que nos conducirán a la prosperidad? Pues mire, sin instituciones que incentiven a los individuos a generar riqueza, unas fabulosas carreteras no sirven de nada. Y en un país donde se ataca constantemente a la innovación y la libertad económica de los individuos, dudo mucho que existan esas instituciones.

Al final de todo, los individuos seguiremos indefensos ante el poder del Leviatán. No crea el argumento perezoso según el cual la corrupción es hija de la falta de Estado. Porque si la receta es mala, no importa lo bueno que sea el cocinero.

FUNCIÓN SOCIAL DEL CADÁVER O SOLIDARIDAD POR OBLIGACIÓN

Cuando usted considera algo como verdadero, sin tener certeza absoluta de ello, se dice que está haciendo una presunción. La más famosa de las presunciones en el derecho es la de inocencia. Si le pregunta a cualquier persona por ella, dirá algo parecido a que el acusado de un delito será inocente hasta probar lo contrario. Sin embargo, hay presunciones menos famosas. Por ejemplo, la donación de órganos en Colombia se rige por la siguiente regla: Cuando una persona muere, se presume que ha consentido que, al morir, sus órganos sean extraídos y usados para un trasplante; a menos que: a) Esa persona haya manifestado en vida que NO quiere ser donante; o, b) Que a falta de esta manifestación, los familiares del fallecido se opongan a la extracción, sólo si lo hacen saber dentro de las seis horas siguientes al fallecimiento.

 Aunque creo que esta presunción choca con el principio de la autonomía de la voluntad de los individuos, el derecho de la familia a oponerse constituye una garantía para evitar esa afrenta. Pero esto último cambiará. El Congreso de la República, con ponencia de Rodrigo Lara, recién aprobó una ley que amplía el concepto de esa presunción. En la nueva ley, los familiares ya no tienen la opción de oponerse a que le extraigan órganos al fallecido. Sólo valdrá que la persona haya manifestado en vida que NO quiere ser donante.

La ley, como todas, tiene un documento de justificación (Exposición de motivos) que en este caso recurre a las siempre útiles cifras (La demanda por órganos ha aumentado y la oferta ha disminuido) y al buenismo (Es que con esto vamos a salvar vidas). Sin embargo, mi parte preferida es esta: “(…) en caso de que la persona no haya manifestado expresamente su voluntad en vida respecto del tema de la donación de órganos después de su muerte, el Estado y la ley presumen la voluntad tácita o implícita de la persona para que pueda efectuarse la donación, dando prioridad al interés público o a la función social del cadáver. Asimismo, la presunción legal de donación cumple con un fin constitucional legítimo y persigue la conciliación del principio de libertad y solidaridad social. Frente a ella, el Estado debe asumir una posición neutra e imparcial respetando las diferentes ideologías o concepciones sobre el bien y lo bueno de los ciudadanos.” 

En ese párrafo hay dos clichés peligrosos. El primero, justificar la extracción de órganos recurriendo al Interés Público y a la Función Social del Cadáver es un eufemismo para decir que su cuerpo no es suyo sino del Estado, y que éste dispondrá de él para sus fines. Desconocen que la dignidad del cuerpo trasciende lo biológico. 


El segundo, afirmar que la presunción legal de donación concilia la libertad con la solidaridad es no entender lo primero, pero tampoco lo segundo. La libertad, en el liberalismo clásico, establece que usted es autónomo para decidir sobre sus propiedades, lo que incluye su cuerpo, siempre y cuando respete los derechos ajenos. El Leviatán no debería suponer nada sobre lo que usted quiere. Y sobre la solidaridad, pues ya lo dijo el gran Bastiat, “La solidaridad es espontánea o no lo es, decretarla es aniquilarla”.  Acá estamos ante coacción pura y simple. 


Pero volvamos a la familia, el congresista Lara dijo en una entrevista que “(…) una persona tiene una vida para oponerse y no se entiende que lo haga [sic] por él sus familiares una vez fallece.” La afirmación no solo es maniquea al mostrar a los familiares como unos egoístas; sino que es además arrogante, al suponer que las decisiones que los familiares tomen son erradas, mientras que las que tome un burócrata son mejores. Quitar a la familia de una decisión tan importante la debilita como institución y como línea de defensa entre el Estado y el individuo fallecido. Si el propósito es que la gente sea más solidaria, flaco favor se hace a la causa si a toda hora y desde todos lados se martilla la idea de que nuestro deber más importante es votar bien, y del resto ya se encargarán esos a quienes hemos elegido. 


Comparto el hecho de que para los afectados debe ser angustiante esperar un trasplante que no llega. Sin embargo, las soluciones siempre son mejores cuando vienen de la mano de la libertad, lo que incluye la libertad de vender órganos.  En defensa de la venta de órganos, y sin que sea la solución perfecta, recomiendo leer esto y esto, donde están los argumentos a favor. Puede que la nueva ley aumente el número de órganos disponibles, sin embargo, el utilitarismo no es suficiente para justificar una ley. Una vez se abre el boquete de intromisiones a la libertad individual, con el argumento del interés público, no hay marcha atrás. 


Finalmente, el documento de justificación remata diciendo que “Con este proyecto Colombia tendría una legislación conforme a los principios y estándares internacionales”. Todo será, pero acá sí estoy de acuerdo con el congresista. En un mundo donde el Estado vive en constante expansión, cualquier intención de aumentar su poder ya lo habrá intentado el burócrata de otro país o de alguna eminente organización internacional.


NOTA: En estos días se supo que el Presidente de la República objetó la ley por inconveniente. Eso significa que la devolverá al Congreso para que le hagan algunos ajustes. Sin embargo, la objetó por cosas como el hecho de que la ley obligaría a las entidades públicas del orden nacional a destinar el 5% de su presupuesto para la promoción de la ley. Sin embargo, no dijo nada sobre la posibilidad de devolver a la familia el derecho de negarse a la extracción.

MUJER SOLTERA BUSCA (PARTE 2/2)

Los Representantes a la Cámara Tatiana Cabello e Iván Duque del Centro Democrático Alternativo, partido del expresidente Alvaro Uribe, presentaron un proyecto de ley que tiene como finalidad aumentar la licencia de maternidad que actualmente está en 14 semanas (3.5 meses), a un máximo de 24 semanas (6 meses).En un sentido parecido, el Senador Jimmy Chamorro presentó un proyecto de ley cuyo objetivo es reducir en una hora la jornada laboral de las mujeres cabeza de familia. Es decir que su jornada bajaría de 8 a 7 horas, pero su salario no se vería disminuido.

La justificación de ambos proyectos es similar: El deber del estado de garantizar el bienestar de los niños. Para el primer proyecto argumentan que un niño alimentado con leche materna por más tiempo tendrá un mejor desarrollo que uno con menos tiempo. Hasta citan recomendaciones de los “expertos” de la OIT y la OMS. El segundo proyecto, que baja de 8 a 7 horas diarias el horario laboral de las madres cabeza de familia tiene más de lo mismo: El bienestar de madres e hijos teniendo una mayor cantidad de tiempo para su mutua compañía. 

Este tipo de proyectos se venden bien porque apuntan directamente a nuestras emociones. Pocas cosas son tan conmovedoras como la imagen de una madre y su hijo recién nacido, o la de una madre que trabaja sola para sostener a su familia. Además, cualquier ley dirigida a aumentar de derechos laborales nos hace ver como sociedad muy avanzada, ¿Acaso hay alguien en estos días que no quiera ser visto como “Progre”?

Las mujeres que ya cuenten con un trabajo estable se verán beneficiadas por esas medidas. Sin embargo, las que buscan entrar al mercado laboral no la tendrán tan fácil. ¿Qué creen que pueda pasar cuando un empleador esté frente a dos candidatos a un trabajo, donde uno de ellos podría estar hasta seis (06) meses fuera de su trabajo y el segundo no? ¿Y si a eso sumamos que el primero trabajaría 7 horas mientras que el segundo 8, y a ambos debería pagarles lo mismo? No es muy difícil pensar que escogerá al segundo: Ofrece más por lo mismo.

Los perjudicados a la larga serán las mujeres, sus hijos e incluso las empresas. Las mujeres porque podrían no ser seleccionadas para un trabajo por razones diferentes al mérito laboral, que es lo que debería primar. Los niños porque lo peor que les puede pasar es la falta de unos padres que no puedan brindarles lo que necesitan en términos afectivos y materiales. Y las empresas porque, al tener una fuerza laboral que puede no ser la mejor, pondrían en riesgo su competitividad. 

Ahora, este fenómeno no será visible en los trabajos que exigen cierto grado de especialización. Pero en los sectores en los que no se requiere mucha educación, y donde cualquier persona con un mínimo de habilidades puede hacer la misma labor, el empleador contratará a quien haga más por lo mismo. Da la casualidad que los trabajos que exigen mano de obra poco o nada calificada son aquellos donde trabajan los más pobres. En conclusión, con leyes como esas, las mujeres solteras y pobres que buscan trabajo serán las personas más perjudicadas. (Se llama Ley de consecuencias no deseadas, y ya escribí sobre eso acá)

Pretender que con estas leyes Colombia se ponga a la “altura de los países que tienen los mejores estándares en atención a la primera infancia”, como dijo la Representante Cabello, es tener una idea errónea de la relación entre prosperidad y leyes. La prosperidad deviene de la riqueza que generan los individuos y las empresas de un país, y para ello se requiere un ambiente institucional que haga respetar las reglas de juego para todos, garantice la libertad económica y la competencia natural entre individuos. Las leyes son solo apenas un componente de ese ambiente institucional. No fue expidiendo leyes para cada cosa como los países más ricos del mundo obtuvieron su prosperidad.

La historia del derecho laboral se cuenta siempre desde el lado romántico y dramático de las luchas de los trabajadores, y algo de eso es verdad. Pero nunca se cuenta, por ejemplo, que el cumplimiento de las demandas laborales vino de la mano con el paulatino crecimiento de la economía.

Hay sociedades que pueden permitirse unas ventajas que otras no. Aquellas que lo hacen es porque han alcanzado unas cotas de progreso más altas que otras. Como dijo Carlos Alberto Montaner: “Una sociedad que obtiene sus recursos de vender café no puede alcanzar la calidad de vida de otra que fabrica chips, aviones y productos farmacéuticos.” Pero esta realidad difícilmente es aceptada por los ingenieros sociales o quienes deliran con ello, es decir líderes mesiánicos, políticos bienintencionados o intelectuales arrogantes que creen que lo único que se necesita para que las cosas funcionen bien (Lo que sea que signifique) es que quien dirija las cosas sea lo suficientemente inteligente, bondadoso y experto como ellos. Y claro, progresista.

MUJER SOLTERA BUSCA (PARTE 1/2)

Allison decidió rentar una habitación de su apartamento a Hedra, una desconocida y tímida chica. Se entendían tan bien que Hedra vio en Allison un modelo a seguir y comenzó a imitarla: usó su ropa, copió su corte de pelo y sedujo a su novio. Terminó por creer que ella era Allison. Este es el guión de Mujer Soltera Busca, la película de los 90´s, cuyo final no revelaré. Hedra sufría un trastorno de personalidad que se manifestó cuando comenzó su relación con Allison.

No sé nada de trastornos de personalidad, pero cuando alguien actúa de una forma contraria a lo que uno espera, posiblemente tiene algún tipo de trastorno. Muestra de esto es lo que pasa con UBER y con Jorge Robledo (Senador y político colombiano de izquierda). Robledo es un personaje que vive ufanándose de combatir un montón de cosas que, a su juicio, están mal. Ha sido notoria su cruzada contra los monopolios. Por eso, oír a Robledo apoyar el gremio de los taxis, que funciona precisamente como un monopolio que abusa de su posición, me hace pensar que está trastornado.

Vean lo que escribió en twitter sobre el conflicto UBER-Taxis: “Ante las deficiencias del servicio de taxis en Bogotá, muy vinculadas a la congestión y el deterioro de las vías y a las malas condiciones laborales de los conductores, la solución no puede ser que todo el que tenga un vehículo lo vuelva un taxi, que es lo que en últimas intenta la trasnacional Uber, porque ello empeorará los problemas de hoy y puede llevar hasta el caos”. Y luego dijo: “¿No empuja Uber a empeorar el servicio de los taxis amarillos que es el que usan los que no pueden pagar los costos de Uber?”

¿Por qué la posición del senador al defender los privilegios de los taxis y su mal servicio? Es claro que el trabajo de un político como Robledo es el de capturar votos, así que al final eso no es raro. Pero obviar olímpicamente un servicio tan criticado, situación a la que se llegó precisamente por la falta de competencia, es algo que raya en la sospecha.

Yo supongo que esa actitud es porque en el fenómeno UBER está la Némesis de un político de su talante. Allí hay algo que el senador desprecia más que los monopolios como es el hecho de enterarse que, al final, él no es tan necesario. UBER refleja que existen individuos creativos que, valiéndose de la tecnología, resuelven algunos problemas de manera espontánea, con un digno y admirable ánimo de lucro; y, sobre todo, sin necesidad de que un burócrata esté metiendo sus narices allí. Para él, (y otros más), la única manera de arreglar las cosas es con reglamentos, comités, cursos de capacitación ofrecidos por el Estado y, sobre todo, un político diciendo cómo y cuando la gente se puede ganar la vida. Por eso, descarga sus disparates panfletarios con los que se siente tan cómodo, como ese de sugerir que UBER es malo porque es “trasnacional”.
Ahora, el Vicepresidente de la República hace poco anunció que expedirá una regulación para este tema. La gente respondió esperanzada que la futura regulación permitirá a UBER su funcionamiento. Yo, hasta no ver lo que quieren hacer, soy escéptico. Y lo soy porque frente a este tipo de decisiones me surgen más preguntas que respuestas: 1. ¿Por qué la idea arraigada de creer que necesitamos una regulación estatal para el funcionamiento de cualquier actividad humana?; 2. ¿Por qué tenemos tan poca fe en las relaciones libres y consentidas entre individuos? 3. ¿Que opinión les merece el hecho de que, hasta ahora, la relación UBER – usuarios, haya funcionado tan bien, y sin estar regulada?. Para las dos primeras preguntas no tengo una respuesta clara. Si alguien sabe o tiene una teoría, agradezco un comentario al respecto.

Para la tercera sí que la tengo: La relación UBER-usuarios ha funcionado bien porque es fruto del orden espontáneo. La teoría del orden espontáneo (Defendida por Friedrich Hayek-Premio nobel de economía en 1974, uno de los más importantes pensadores del siglo XX, y odiado en general por los pro-estatistas de izquierda y derecha) señala que cuando miles de individuos buscan su propio bienestar, se genera una autoorganización de la cual surge espontáneamente un orden. Este orden de facto es resultado, por supuesto, de la acción humana. Pero no hay una mente humana que lo haya diseñado. Los acuerdos que realizan miles de individuos entre sí es superior a cualquier orden planificado por una autoridad, y es superior no solo porque es más eficiente. Lo es porque es fruto de las decisiones libres de los individuos. El mercado y el lenguaje son ejemplos de orden espontáneo. Se construyen desde abajo, con el uso y las decisiones de millones de individuos. Y no desde arriba, como algunos sueñan y deliran que se puede hacer.
El de los Taxis es un sector que tiene todo tipo de regulaciones: Tarifas, cantidad permitida de taxis en las calles, sanciones específicas para los que incumplan sus normas, etc. Y todos conocemos el resultado. La solución no es necesariamente más autoridad para hacerlas cumplir, la solución es que los mismos taxistas tengan una buena razón para dejar de portarse mal, y no perder dinero es el incentivo más fuerte que hay para eso. Es precisamente la competencia lo único que permitirá que los taxis mejoren el servicio. Por eso, decir que UBER puede impulsar un peor servicio de los taxis da cuenta de una ignorancia injustificable.

Hay campos en los que la libertad se ve amenazada, (Por ejemplo, promover referendos para prohibir las cosas que no les gustan a algunos). Pero en este caso quiero tener la confianza de que UBER ganará la disputa, siempre y cuando la discusión se mantenga en lo que importa: El individuo y sus decisiones libres como el pilar máximo a defender.

Discutir sobre temas puramente normativos como “UBER es malo porque no paga impuestos”; o, “Es ilegal porque no hay una norma que lo permita”, aunque hay que hacerlo, no debe ser lo principal. Y no lo es porque el derecho, per se, no es el que permite formar nuestra opinión sobre lo que es justo y lo que no.

Ahora, los rojos no son los únicos con trastornos de personalidad. El Centro Democrático Alternativo (Partido Político Colombiano asociado a la derecha. Su líder es el expresidente Alvaro Uribe) presentó hace poco un proyecto de ley, que fue la base para el título de esta entrada, y con el que demostró que también andan trastornados. Sin embargo, por lo extenso de los dos temas para presentarlos en una sola entrega, debo dejarlos con un: Continuará…

 

QUÉ TIENEN EN COMÚN CHARLES DARWIN Y LOS COLADOS DE TRANSMILENIO (PARTE 2/2)

En 1969 se hizo el siguiente experimento: Dos autos idénticos fueron abandonados en dos calles diferentes de Estados Unidos. Uno fue dejado en la zona del Bronx en Nueva York, una zona pobre y peligrosa. El otro en Palo Alto, California, una zona rica y tranquila. El auto en el Bronx empezó a ser dañado a las pocas horas de estar allí. Rompieron sus vidrios, se robaron el radio, los espejos, las llantas, todo. Era algo que los investigadores esperaban. El auto dejado en Palo Alto, sin embargo, no sufrió ningún daño. Una semana después había un carro desmantelado y otro en perfecto estado.
Fue entonces cuando los investigadores decidieron romper una ventana del automóvil que estaba en Palo Alto. Ocurrió que, poco a poco, este auto también empezó a ser desguazado y quedó igual de desecho que el del Bronx. Los investigadores concluyeron que el hecho de que el carro tuviera un vidrio roto, y además pasara tiempo sin que alguien se preocupara de él, envió un poderoso mensaje sobre falta de autoridad y ausencia de derechos de propiedad. Esto incitó a romper la siguiente ventana, y así sucesivamente hasta acabar con él.
Con ese antecedente se formuló tiempo después la llamada Teoría de las Ventanas Rotas. Esta sostiene que alteraciones menores, si no se controlan, se transforman en alteraciones mayores. Al tolerar/permitir pequeñas infracciones, éstas se van a repetir, se producirá un efecto rebaño y crecerán en intensidad.
Lo importante de la teoría es que señaló que el comportamiento vandálico no tiene una causa objetiva, entendiendo por esta una causa directa, exclusiva y lineal. Es decir, la causa no fue la pobreza, y yo digo que tampoco lo fue la falta de educación o la de cultura (Trágate esa, sabiduría popular). Por el contrario, el experimento mostró que el factor relevante fue un ambiente donde las instituciones brillaban por su ausencia.
Las primeras infracciones en TM tenían que ver con borrachos orinando en la estación, un vendedor en la entrada o losas rotas sin arreglar. Todo se desatendió desde el comienzo, y fue como poner un mensaje a todo color diciendo “A nadie le importa”. Luego la cosa degeneró a tal punto que ahora se ven personas haciendo fila para colarse (Es mi infracción preferida), personas abusadas, muertos y una desconfianza generalizada de los usuarios.
Por eso, cualquier solución dirigida a desincentivar el comportamiento indeseado es lo mejor que se puede hacer. Por supuesto, hacerlo ahora es más costoso que al comienzo. El tema con los incentivos es encontrar la medida exacta. Encerrar por horas a los colados podría funcionar como medida disuasoria, pero no todo el público tiene estómago para aceptarlo. Así que impedir o retardar el ingreso al sistema desde la calle usando puertas con mejor tecnología; multar y evitar que los colados se fuguen durante la multa; y avergonzar públicamente a los individuos colados, debería estar funcionando.
Ahora bien, reducir el número de colados a cero será imposible en la práctica. No siempre encontrará ciudadanos motivados para avergonzar a los infractores, o habrán algunos de estos a quienes la desvergüenza social no les afecte. Pero además, cada vez que atrapa a un colado necesita más recursos para agarrar al siguiente. De allí que las medidas deberían concentrarse en unos pocos lugares. Con fundamento en la Ley de Pareto me atrevo a decir que en el 20% de las estaciones se encuentran el 80% de los colados. Esto exigiría aplicar las medidas solamente en esas estaciones y después de un tiempo medir los efectos. En caso de que no funcione habría que reconocer que se fracasó y luego ensayar otras. O tal vez tendríamos que dejar a otra generación “más educada” que encuentre la solución.

Si mucho de lo que leyó le pareció una perogrullada, lo entiendo. Por eso quiero terminar la entrada con un valioso consejo: Si hay un letrero pintado en su casa, límpielo ya. O si no tendrá en poco tiempo un muro colorido recordándole cuáles son los equipos de fútbol de la ciudad.

QUÉ TIENEN EN COMÚN CHARLES DARWIN Y LOS COLADOS DE TRANSMILENIO (PARTE 1/2)

“La humanidad mejora genéticamente cuando personas mueren por culpa de su propia idiotez”. Esa es la premisa de unos premios tragicómicos llamados “Darwin Awards” en honor a Charles Darwin, padre de la teoría de la evolución. La teoría señala que evolución es adaptación. Quienes mejor se adaptan a su entorno tienen más facilidad para perdurar. Los menos adaptados perduran menos y, por tanto, tienen menos posibilidades de transmitir sus genes. Si alguien muere por sus idioteces libra al mundo de su herencia.

Para ganar el premio, el candidato debe haberse autoinflingido un daño actuando en sano juicio pero con una asombrosa falta de sensatez. Claro, además debe haber muerto (o por lo menos quedar estéril) y que el hecho se haya verificado. Dos de los ganadores del 2014 fueron unos holandeses que demostrarían que podían acostarse al lado de las vías de un tren y éste pasaría encima de ellos sin siquiera tocarlos. Nunca contaron con el hecho de que el tren era más bajo de lo previsto. Ambos ganaron, tanto su reto de valentía como el Darwin Awards: Fueron arrollados y muerieron.

Con esta introducción no hay que aclarar mucho más el panorama. Los colados de Transmilenio (TM) que han muerto arrollados, básicamente por su propia estupidez, serían dignos merecedores del Darwin Awards. Al lado de ellos, los vendedores ambulantes, quienes les compran, los ladrones y los no-dejo-cerrar-la-puerta completan el paisaje de la desinstitucionalidad, y no sé si exista un premio para estos.

Hay una explicación recurrente para explicar, no sólo éste, sino varios problemas: “Es un problema de cultura de la gente”. Y la expresión sirve para todo: Es que tenemos una cultura del narcotráfico o una cultura de la muerte. Personalmente la explicación me genera sospechas, primero porque es generalizada, y segundo porque no aclara mayor cosa. Decir que lo malo que pasa es un tema de naturaleza cultural es trasladar la responsabilidad a nadie. Tal vez hacer esa afirmación nos pone en una especie de superioridad moral: “Es un problema de unos que no tienen mí cultura, porque si la tuvieran no se portarían de esa manera”. 


Encuentre las diferencias

La RAE tiene varios significados para la palabra cultura, una de ellas es: “Conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época, grupo social, etc.”. Es falso, entonces, suponer que el problema es falta de cultura porque cualquier individuo en cualquier sociedad tiene modos de vida. Así que colarse en TM no sería una falta de cultura sino un reflejo de ella.

Lo otro que tal vez se quiere decir con la expresión es que ese reflejo cultural es un comportamiento indeseable. Si es así, la pregunta obvia sería ¿Cómo eliminar ese comportamiento? Las propuestas abundan estos días. El tiempo hizo un ejercicio preguntando a la gente y salieron 10 soluciones (luego volveré sobre este punto). Otros opinadores señalan que lo que se necesita es una política integral. Pero hablar de política integral involucra coordinar muchas oficinas, muchas autoridades, y los costos de transacción son muy altos.

Parece que en el mundo moderno las cosas no pueden tener una explicación sencilla. Lo fácil no es algo común, lo que vale es lo enmarañado y difícil, como lo son las políticas integrales. Pero las soluciones que involucran pensar en grande me parecen un derroche de recursos porque es un ejercicio especulativo. Al final del día lo que tenemos es a unas personas comportándose, como ya lo dije, de manera indeseable. Y por indeseable quiero decir cualquier comportamiento asociado a romper una regla, social o legal. Comprar a un ambulante dentro del sistema no está multado, colarse sí. Y ambos son comportamientos reprochables.

Y como no se me da bien pensar en grande, creo que el problema es simple y llanamente de incentivos. Un incentivo es un premio o castigo que se recibe por hacer o dejar de hacer algo. Los colados tienen un incentivo para colarse: viajar gratis sin que se les haga responsables por ello, obtener prestigio entre su grupo social, etc.

Si queremos que dejen de hacer eso hay que crear, también, un incentivo. Y eso no tiene que ver con la cultura, o por lo menos con la forma en la que se aborda para explicar el problema. Parece ser cierto que la educación (En su sentido más general) inhibe los malos comportamientos, pero si hay un incentivo suficientemente grande para hacer algo non-sancto, la educación no juega ningún papel. ¿Creen que un colado de TM lo haría en un país que los haga responsables por sus actos? No hay datos para probarlo, pero yo creo que no.

Algunas de las soluciones que la gente ha propuesto son maravillosas pues tienen que ver con incentivos sociales y económicos: Escarmiento público y multas. Ninguna de esas va dirigida a cambiar la cultura del infractor. Aplicarlas será un buen comienzo, aunque se requiere algo de autoridad.

Pero tengo que hablar sobre cómo llegamos a esta situación, ¿Si hace unos años era un problema pequeño, por qué ahora es tan grave?. La respuesta puede venir de un carro parqueado en el lugar equivocado y unos vidrios rotos.

Continuará…